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miércoles, 29 de agosto de 2012

FLUYENDO

...¿Tengo la barba tan larga? en fin, no sé... cuando me daba el sol se veía pelirroja ahora hace tanto calor voy a hacerme pasta como se llama esa japonesa yakisoba era le echaré pollo de la nevera a la plancha tengo que recoger y repasar las facturas y mirar la contraseña de flickr que nunca me acuerdo mi mano que no se me olvide la lavadora y el fin de semana llevaré al niño a la piscina ideas para escribir dame cinco palabras pero no a mala hostia no me sirve olla y gerundio en la misma frase al final no hago nada y pasan los días qué agobio no voy a hacerme un mojito para mí solo nunca salgo a la terraza y podría cenar afuera más a menudo antes de que no se pueda cómo era el verso... buscar el capítulo de doctor en Alaska donde Maggie recita el poema ante la tumba cómo me gusta ...

lunes, 20 de agosto de 2012

AZTECAS EN DOÑANA

Nicolás señalaba con la mano la entrada del río, con la bahía de Cádiz extendiéndose detrás y el cielo del atardecer incendiándose de púrpura y rojo. -Justo por aquí delante entraban los barcos que venían de América -me decía-. Por aquí llegó el oro de Nueva España y la plata del Potosí, y también llegaron las patatas, los tomates, el tabaco, los primeros pájaros multicolores que podían aprender a hablar como una persona... -Los loros -dije yo. -Sí, los loros del Amazonas -me contestó sonriendo-. Eran tiempos de barcos de madera que se llamaban galeones y de viajes peligrosísimos a merced del mar y de los piratas. Muchos de esos barcos están hundidos ahí delante, en los arrecifes de la entrada del río, con toda su carga, cuando no existían faros como este que los guiara a salvo en su camino hacia Sevilla. También salieron de aquí muchos conquistadores, con esos caballos que eran los primeros que veían los aztecas. Tan extraños les resultaba que al principio, cuando veían desmontar a un hombre de su montura, pensaban que se trataba de seres de dos piezas. Yo tengo mucha imaginación, y con mis diez años de entonces más todavía, pero me resultaba dificil de imaginar aquello. Tenía la saludable costumbre de imaginar solamente cosas que me gustaban y aquello de los seres de dos piezas me resultaba inquietante. -Ésta fue la última tierra española que vieron muchos de aquellos que se marcharon y que no regresaron nunca más y también fue la primera tierra europea que vieron aquellos indígenas que traían los conquistadores para exhibirlos en la corte -continuó Nicolás-. Para ellos ésta debió ser una tierra tan extraña como lo fue América al principio para los que llegaban allí. Mientras hablaba, Nicolás había ido realizando las operaciones necesarias para encender el faro, que ya alumbraba con su potente haz de luz, yendo y viniendo, la entrada del río, Sanlucar y, justo en frente, la playa de Doñana y los primeros árboles del inmenso bosque que se extendía detrás. Imaginé la fatiga de esos indios después de tanto tiempo de navegación, el temor a lo que les esperaba en un mundo extraño, tan ajeno al suyo, y mientras oscurecía, también imaginé que algunos de esos indios se lanzaron al agua y escaparon, llegaron a la costa de Doñana y se ocultaron en los bosques y llegaron a fundar una colonia de proscritos, una pequeña sucursal del imperio azteca en España. Y que protegidos por las dunas y los bosques, allí siguen, en secreto, sus descendientes. Prósperos, ocultos y a salvo.
autor: Eldelosreyes. Fotografía extraída de flickriver.

lunes, 6 de agosto de 2012

YO SOY

Mis manos. volteo las palmas despacio y observo los dedos, las articulaciones donde se flexionan, las líneas de la mano, el color de la piel. La piel. Recorro mi antebrazo izquierdo con la mirada y descubro esas manchas ligeramente más oscuras, esos lunares tenues. Las venas verdosas que se adivinan subiendo por mis muñecas hasta los codos. Mi pecho, mi estómago y mi ombligo. Me descubro ante el espejo mirándome el ombligo, por donde respiré hace mucho tiempo. Y me giro y me observo de espaldas y bajo hasta mis piernas que conservan aún la musculatura del futbolista que fuí y mis rodillas robustas y las espinillas, los tobillos. Mis pies ligeramente enrojecidos que jamás necesitaron un podólogo. Que me sostienen, que me llevan a todas partes. Que me han traído esta mañana hasta aquí, subiendo por la carretera, bordeando el bosque, desde la estación hasta mi casa. Mis ojos oscuros y almendrados cuyas pupilas se dilatan y hacen que en un momento pueda ver en la oscuridad, donde antes sólo había un espacio vacío. Mi cuerpo es solamente el vehículo de mi alma, una funda perecedera para lo intangible, lo inaprensible. Algo tan familiar y sin embargo tan frágil. Estoy aquí, me miro al espejo, observo mis manos. Puedo hacerlo. Suerte, reflejos y frenos. Una nueva oportunidad para observarme.